Thursday, February 12, 2009

Un día de mi vida

Mi vida es la vida más bonita y hermosa de este universo. 
Me levanto y el primer pensamiento es en el café, sin el café soy nada. Bajo de mi edificio por la escalera, por supuesto, porque hoy todavía no funciona ninguno de los 3 ascensores que hay. Los tacones se escuchan claros y altos desde el sexto hasta el bajo. Imagino la alegría que siente cada vecino que me escucha bajando. A veces me cruzo con algunos, me miran de arriba abajo, una mirada seca… no dicen nada, seguro que es porque combino y visto bien, no por el ruido de mis botas altas.
En el bajo me encuentro con dos de mis vecinas favoritas, las que saludo como siempre con la misma sonrisa y de las cuales nunca recibo ninguna respuesta. Eso si paran su conversación…miran, yo miro y paso.
Solo a veces alguna dice en voz baja: “Inmigrantes!”Y algo más, algo indescifrable.
Cuando voy a comprarme el pan voy solo en la panadería del Paki (es un pakistaní, al cual le digo Paki con cariño, porque no consigo pronunciar su nombre), allí no hace falta hablar, me río de la solidaridad del acto de comprar el pan… solo adiós y listo. Ahora si puedo comenzar mi jornada laboral.
Y si toca bancos, o hacienda o seguridad social, risa y más risa, nadie entiende a nadie, porque en todos los sitios casi 80% de los que van allí son extranjeros. Todos tienen problemas y todos tienen que pagar tasas, impuestos. Quien gana quien pierde, que mas da…otra ración de risa. Los emigrantes pagan aquí y pagan en su país, porque todos tienen la esperanza de volver un día. Y los años pasan y las tasan aumentan, y la vida se pone mas dura y todos viven peor, pero la esperanza de volver sigue allí. Y cuando van en sus países se sienten incómodos, explotados y juzgados. ¿Por qué? Porque nadie les obligo marchar. Pero eso si, cuando hay elecciones las teles petan de la cantidad de promesas y ayudas y planes de retorno para los emigrantes. Pasan las elecciones y queda el silencio…y a veces el reproche de los nuevos elegidos:”yo no te mande fuera del pais”! Y las promesas? Que promesas? No hay promesas…solo palabras. 
En el día que decidí que yo no tengo país me sentí libre, verdaderamente libre, comencé a vivir sin pensar en países. Solo a veces mi corazón late más rápido, cuando en la biblioteca municipal encuentro folletos en rumano. En aquellos momentos recuerdo que tal vez un día cambie de opinión. Pero ese día se aleja cada día más.
Como podría vivir yo sin esta gente que veo cada día, sin mis vecinas sin mi Paki, sin mi…sin tantas cosas que odio y quiero en el mismo tiempo. 

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