
La transición del socialismo al capitalismo ha exigido reformas en todos los ámbitos de la vida económica y social que han causado un gran sufrimiento a millones de ciudadanos que, con el cambio sistémico, esperaban mejorar las pésimas condiciones de vida que soportaron durante la dictadura de Nicolae Ceausescu. Sin embargo, la democracia y los nuevos dirigentes no han sido capaces de satisfacer las expectativas de la mayoría de la población, que se siente engañada y abandonada[3]. En efecto, Rumania ha conocido –más que otros países poscomunistas– una profunda y prolongada crisis[4], que se manifiesta en la drástica reducción de la producción y el empleo, el aumento del paro, la inflación galopante, el aumento de las desigualdades sociales y regionales, etc.
Los cambios de los últimos años han sido extraordinarios sobre todo los relacionados con el mercado de trabajo, que ha seguido una evolución diferente al español (Toharia, 2003). En efecto, el pleno empleo, principio básico del comunismo, se ha demostrado incompatible con la eficiencia y rentabilidad que busca la economía de mercado, por ello en Rumania la consecuencia inevitable de las reformas ha sido la drástica reducción de la ocupación: dos millones y medio de puestos de trabajo en poco más En Rumania la reducción del empleo afectó sobre todo a la industria siderúrgica sobredimensionada, y en España las mayores ganancias corresponden al sector de los servicios, que ocupa al 64% de los trabajadores, y la construcción. Un sector que desde hace años está viviendo una etapa de apogeo que no parece tener fin y en el que buena parte de los nuevos empleos han sido ocupados por inmigrantes[5] y, como comprobaremos más adelante, es una de las actividades con mayor oferta de empleo para los rumanos. En nuestro país, la agricultura ha seguido perdiendo trabajadores y en la actualidad (2001) representa poco más del 6% del empleo total. En cambio, el censo aumentó rápidamente hasta reunir a más del 40% de la población ocupada en Rumania, cuyo proceso de reagrarización contrasta con el trasvase de recursos humanos desde la agricultura y la industria a los servicios que conocieron otros países poscomunistas (OCDE, 1998). Con todo, desde mediados de la década de los noventa, el sector agrario también pierde efectivos en Rumania, que cuenta en la actualidad con poco más de tres millones de trabajadores, prácticamente los mismos que en 1990. La importancia de la agricultura se manifiesta además en su aportación a la producción, nada menos que el 12%, frente al 3% en el caso español.
de diez años, un 23% menos que a principios de la década de 1990. En España, por el contrario, el número de ocupados se ha incrementado en casi cuatro millones, un 30% más que en 1991 (cuadro 1).
PRIMERA PARTE
1 comment:
felicidades para el articulo si estas interesada en publicar en Rumanos En España contactanos.
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